Oxitocina: la hormona del cariño rema hacia atrás

22. octubre 2012

Un par de inhalaciones del concentrado de hormona y un encuentro casual se transforma de pronto en una aventura amorosa colmada de simpatía: las consignas de marketing para las lociones de oxitocina no sólo son falsas – es probable que la hormona actúe solamente en casos determinados.

Cuando se recurre a la expresión “hormona del amor”, muchos saben de lo que se trata: la oxitocina resulta mucho más eficaz que grandes cantidades de alcohol para que el prójimo se nos aparezca en su mejor luz. Un poco de esta fabulosa sustancia en la nariz resultaría suficiente para sentir más confianza, incluso hacia los desconocidos. En 2010, DocCheck reportó sobre un estudio según el cual un aerosol de oxitocina confería a los hombres una sensibilidad que sólo se registra en las mujeres. Al navegar por Internet, uno se encuentra rápidamente con fuentes dudosas que envían la sustancia por correo a precios no precisamente reducidos. Liquid Trust: confianza líquida para mujeres y hombres, al menos eso anuncian en su publicidad.

Los investigadores no se dejan engañar

¿Se puede utilizar la oxitocina en un contexto médico para tratar casos problemáticos de timidez y trastornos de conducta social? Ojalá fuera tan fácil como promete la publicidad de Internet, o como soñaban algunos especialistas en oxitocina hace algunos años. “La oxitocina no es una panacea que hace que todo el mundo se vuelva feliz y social”, afirma uno que probablemente sabe más que nadie al respecto. Markus Heinrichs, de la Universidad de Friburgo, estudia al neuropéptido desde hace más de diez años. Y también conoce su lado oscuro, cosa que raramente se menciona en los estudios, y a la que tal vez ni siquiera se le ha prestado demasiada atención.

Efectos inesperados: envidia y alegría malsana

En 2009 se publicó en el Journal of Biological Psychiatry un informe de Simone Shamay-Tsoory, de la Universidad de Haifa. En un juego simulado con dinero, una pizca de la hormona elevaba la envidia hacia el ganador y también la alegría por las pérdidas de los demás jugadores en caso de ganar. Pero este fue sólo uno de los primeros informes que resquebrajaron la confianza en la súper hormona. Jennifer Bartz, de la Escuela de Medicina Mount Sinai de Nueva York, descubrió que lo oxitocina producía exactamente el efecto contrario al esperado en personas temerosas y socialmente sensibles en exceso: reducía su confianza y su voluntad de cooperación.

Todavía no existe consenso

Carolyn de Clerck, de la Universidad de Amberes, obtuvo resultados similares. La confianza y la disposición para cooperar aumentan con la oxitocina sólo si se dispone de al menos un nivel básico de conocimiento acerca de nuestra contraparte. Los desconocidos anónimos no pueden beneficiarse del “aumento de la simpatía”. Carsten de Dreu, de la Universidad de Ámsterdam, incluso está convencido de ser capaz de suscitar rasgos nacionalistas mediante la oxitocina. A los estudiantes holandeses que participaron en su estudio, los nombres de su misma nacionalidad les parecían más simpáticos, mientras que los alemanes u orientales les generaban aversión. Sin embargo, otros científicos cuestionan las conclusiones generales del grupo de investigación de Ámsterdam. Aunque otro estudio del grupo de Dreu publicado en Science parece confirmar que la oxitocina efectivamente refuerza la confianza en el interior de un grupo, mientras que la reduce hacia las personas que se encuentran por fuera del grupo.

¿De tímido a campeón social?

Jennifer Bartz está convencida de que, cuando se conoce la otra persona, la oxitocina ayuda a mirarla con mayor exactitud a los ojos y a interpretar allí sus sentimientos. Pero para las personas tímidas, la oxitocina probablemente represente el camino erróneo para convertirse en un campeón de las relaciones sociales. Sobre todo porque en este aspecto también influyen algunos factores hereditarios en los que sólo se puede influir de forma limitada, pues el receptor de la oxitocina es polimorfo. Una mutación puntual determina la función del promotor de la confianza. Markus Heinrichs y su equipo descubrieron que, en situaciones de estrés, el nivel de cortisol de los participantes del estudio con la variante A del receptor no disminuía a pesar de la ayuda de la oxitocina. En otros estudios, este mismo grupo presentaba más problemas con la empatía y tenía una visión del mundo más pesimista que los portadores de la variante G del receptor. Cuando es necesario, las personas que poseen una “G” en el lugar correcto del receptor se muestran más dispuestos a socorrer a los amigos en problemas.

Los alosomas constituyen otro factor de influencia

Y todavía existe una diferencia significativa dentro de la dotación genética que influye en el efecto de la hormona: el cromosoma Y. La reacción ante una amenaza (en forma de un gesto provocador) provoca que la oxitocina se conduzca de formas muy diversas según el género: en los hombres reduce la actividad de la amígdala cerebral (el centro de las reacciones emocionales), mientras que en las mujeres la incrementa. Así, la oxitocina tendría la función de señal de advertencia ante un peligro, especialmente en el segundo grupo. Pero los sexos también reaccionan de forma diferente ante la segregación de la hormona resultante de los conflictos de pareja: en las mujeres, el nivel de α-amilasa disminuye como medida de la actividad del sistema nervioso simpático, mientras que en los hombres se incrementa de forma paralela al nivel de la enzima y a la tendencia de explosiones emocionales, pero también de comportamientos positivos dentro de la pelea de pareja.

Una función, muchas aplicaciones

El neuropéptido, cuya estructura es más bien simple, resulta muy antiguo desde un punto de vista evolutivo, y ya se encuentra en el pulpo invertebrado. Los primeros conocimientos de su función se obtuvieron a partir de la observación de los arvicolinos, una subfamilia de roedores a la que pertenecen los ratones de campo. Este animal vive de forma monógama durante toda su vida y cuida de sus crías junto con su pareja. Por lo tanto, no resulta sorprendente la elevada expresión del receptor de la hormona en el centro de recompensa de su cerebro. En cambio, sus parientes de la montaña no muestran una vinculación tan firme ni comparten las tareas de la crianza. Su nivel de oxitocina es significativamente inferior al de los parientes del campo. Sin embargo, bloqueando los receptores de oxitocina resulta sencillo convertir a un ratón del campo en un ratón de montaña, al menos en lo que se refiere a su conducta.

La oxitocina también desempeña un papel crucial durante el clímax en las relaciones sexuales, al igual que en la lactancia o durante las contracciones del parto. Parece que, a lo largo de su larga historia evolutiva, la oxitocina ha asumido numerosas funciones. Sin embargo, su base radica siempre en el fortalecimiento de los nexos sociales dentro del círculo más cercano y en el fomento de la confianza (probablemente a consecuencia de la influencia de la amígdala cerebral).

¿Un remedio contra la depresión y el autismo?

Los científicos estudian actualmente si este efecto puede ayudar a los pacientes de autismo o de enfermedades relacionadas con esta afección. Los investigadores de Friburgo también incluyen aquí a los pacientes de depresión y de trastorno límite de la personalidad, de hecho ya se están llevando a cabo los primeros estudios clínicos. “Sin embargo, a partir de los primeros datos, podemos reconocer claramente que la oxitocina por sí sola no tiene ningún efecto”, dice Markus Heinrichs. Sólo en combinación con una psicoterapia se podría diseñar una estrategia que represente una verdadera alternativa a los anteriores enfoques basados en antidepresivos, pues, al contrario que los agentes precedentes, la oxitocina ataca las alteraciones directamente en su origen.

No es lo suficientemente eficaz

“Yo interpreto los resultados de los estudios de Heinrichs de la siguiente forma: la oxitocina también se une a los receptores que existen en el resto del cuerpo, reduciendo la actividad intestinal, incrementado ligeramente la presión arterial y reduciendo el nivel de cortisol. Esto hace que los participantes se relajen y muestren un comportamiento más social”. Valerie Grinevich, del Instituto Max Planck de Investigación Médica de Heidelberg, duda de que la oxitocina proveniente del aerosol encuentre un camino hasta el cerebro. Experimentos con ratas indican que la oxitocina sólo actúa en diversas regiones del cerebro cuando se trata de la hormona “original”, segregada por las neuronas circunvecinas.

Lo que es seguro es que la “droga maravillosa”, alabada hasta hace tan poco tiempo, no hace que todo el mundo se sienta feliz, ni sea capaz de entablar relaciones o de sentir confianza. El efecto depende de las experiencias previas de los sujetos, de su entorno y también de su dotación genética.

Markus Heinrichs lo expresa en forma drásticamente realista: “Si tienes una fobia social y alguien te prescribe oxitocina en aerosol, te apuesto lo que quieras a que el único efecto que vas a experimentar es una nariz que moquea”.

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Medicina


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