Cardiopatía coronaria: polvo en el viento

4. marzo 2011

Numerosos factores de riesgo de la cardiopatía coronaria se pueden modificar sencillamente mediante un cambio en el estilo de vida. Sin embargo, existe un factor contra el que tal vez sólo sea efectivo mudarse: el polvo fino, o las partículas en suspensión.

No sólo la Organización Mundial de la Salud (OMS) previene a la población contra los perjuicios sanitarios derivados de las emisiones de partículas contaminantes en suspensión a causa de escapes diesel y otras fuentes de combustión. En Europa se decretaron en 2005 unos valores límite diarios de PM10 50 µg/m3 y valores anuales aceptados de 40 µg/m3. PM10 representa la masa de todas las partículas sólidas contenidas en el polvo cuyo diámetro resulta inferior a 10 µm.

Sin embargo, muchos expertos afirman que resulta inapropiado hablar de “valores límite”, porque las partículas en suspensión siempre hacen daño. Las afecciones en los sistemas cardíaco, circulatorio e inmunitario, así como en el cerebro, han sido demostradas hace bastante tiempo. Un estudio realizado recientemente con ratones jóvenes expuso la relación que este factor tenía con la obesidad, independientemente de la alimentación. En Europa se resulta frecuente superar los valores límite diarios unas 35 veces al año. En Alemania, los líderes actuales en cuanto a sobrepasar los límites permitidos de emisión de partículas en suspensión son Munich y Passau (12 veces al año). No se sabe qué tan elevadas resultan estas infracciones.

Aire enrarecido por todas partes

“Pero si en muchos sitios todos está en orden” podría pensarse, incluso según un estudio on-line que puede leerse en la página web de la Oficina Federal para el Medio Ambiente. Empero, la OMS critica que los valores límite en Europa son demasiado altos y ya en 2006 solicitó una reducción a la mitad del valor límite predefinido de PM10 (situando el valor límite anual en 20 µg/m3 ).

En lo que se refiere a las partículas en suspensión con un tamaño de partícula de PM2,5 (que penetra en los pulmones y por lo tanto resulta aún más dañino), según la OMS es preciso reducir aún más los valores permitidos, y situarlos en valores máximos anuales de 10 µg/m3 y valores máximos diarios de 25 µg/m3. Aunque esta directriz se aceptó en 2010 en Europa, su implementación en Alemania requiere tiempo.

El humo tapa los vasos

Una reciente investigación epidemiológica llevada a cabo por un equipo científico conducido por Sara Adar, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Michigan, expone cómo reaccionan los vasos sanguíneos de algunos miembros de la población urbana ante las partículas en suspensión. Y es que las partículas en suspensión no se detienen ante las puertas cerradas. Los investigadores del US-Multi-Ethnic Study of Atherosclerosis relacionan fotografías digitales del fondo del ojo de personas sanas cardiovascularmente, que exponen hasta las vénulas y las arteriolas más finas, con las mediciones de partículas PM2,5 realizadas en sus hogares respectivos. Este estudio intenta encontrar una explicación del mayor número de patologías cardiovasculares que se registran entre la población afroamericana.

Las mediciones de los niveles de partículas en suspensión de los más de 4.600 participantes (de edades comprendidas entre los 46 y los 87 años) se realizaron a lo largo de dos años. Las mediciones de la contaminación aérea de corto plazo se llevaron a cabo en cada caso un día antes de realizar la fotografía del fondo del ojo.

Los vasos sanguíneos se ven viejos

La contaminación por partículas suspendidas, ya sea a corto o a largo plazo, ocasiona un estrechamiento de las arteriolas: ese fue el resultado de la evaluación estadística de los datos. Las variaciones de vasos sanguíneos tan pequeños sólo se pueden medir en micrómetros, de modo que un examen individual no posee ninguna relevancia. Sin embargo, los participantes que vivían en calles muy transitadas exhibían arterias más estrechas en un promedio de 0,7 µm.

Los científicos calcularon de un modo ilustrativo el grado del estrechamiento: la contaminación a corto plazo por partículas suspendidas ocasionó que los vasos sanguíneos mostraran un aspecto unos tres años más viejo en relación con los vasos de personas no afectadas. En el caso de la contaminación a largo plazo, el envejecimiento prematuro fue de hasta siete años. Estos resultados también pueden traducirse en función del riesgo cardíaco: los investigadores calculan que, en el caso de enfermedades cardiovasculares en mujeres, el índice resulta un 3% más elevado. Además, por lo general las concentraciones de partículas suspendidas que se midieron se encontraban por debajo de los valores aceptados por la Agencia Norteamericana de Protección Medioambiental (EPA). Es decir, se trataba de aire “limpio”.

Con el fin de establecer una relación causal entre los vasos sanguíneos más estrechos y la contaminación por partículas suspendidas, se precisa encontrar indicios de un mecanismo biológico verosímil. Algo que tal vez puedan ofrecer algunas investigaciones que se están realizando actualmente con los mismos participantes del estudio, si se puede demostrar que las variaciones del diámetro de los vasos fueron una consecuencia de la acción de la contaminación por partículas suspendidas.

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